Adrián pasa
la máquina por la sien. Los detalles se arreglan con una tijera. La tijera se
atora en uno de los aretes y abre una herida en la parte superior de una de las
orejas. Enrique se sacude la cabeza. De la cabeza cae una pulga que se pierde
entre el cabello tirado en el suelo.
El estilista barre los montones de pelo y los mete en bolsas de plástico.
Mete las bolsas en una caja de cartón y sale a dejarlas en la esquina de la
cuadra. Cuando cierra el negocio cuelga la chaqueta que Enrique olvidó.
Pedro jala un televisor de la pila de basura. Caen algunas cajas, entre
las que está la caja con las bolsas de cabello. Su cabeza está llena de tierra
y mugre. La pulga cae sobre el muchacho y se le pega. Él se levanta, no se da
cuenta del bicho y decide llevar el televisor con un amigo para cambiarlo por
un par de billetes.
Está en un restaurante comiendo con el dinero que le dieron por el
aparato. La mesera tarda demasiado y su cabeza pica. Él se rasca con una
servilleta, vuelve a dejarla en donde la tomó. Cuando llega la mesera come todo
cuanto puede, sin detenerse a disfrutar del sabor de la comida.
Polo entra en un restaurant. Se sienta y pide un café. Está resfriado,
así que se suena la nariz. La pulga se muda al bigote de Polo y se esconde en
la barba.
Polo está cagando. Se rasca la mejilla y la pulga cae del rostro a la
ingle. Se acomoda en el vello púbico y se esconde cuando Polo entra en la
ducha. La pulga sobrevive, a pesar de la cantidad de acondicionador que Polo se
pone para preparar su encuentro con Mariana.
Sudan y la fricción derriba al animal, que cambia de anfitrión. Mariana,
una vez en la ducha, decide no rasurarse. Polo le dijo que ella se ve más guapa
así, más natural.
Ernesto lame el clítoris de Mariana y ella juega con el cabello de
Ernesto. Lo extiende, le llega del pubis al ombligo. La lengua de Ernesto entra
y cuando Mariana se contrae, la pulga salta al cabello de Ernesto.
Ernesto llega a casa con un reporte de la escuela. Su madre lo obliga a
acompañarla y lo sienta en uno de los sillones. La alarma del auto suena y la
madre de Ernesto sale a ver qué ocurre. Ernesto toma una chaqueta que está en
el perchero y se la prueba. Intenta meterla en su mochila, pero no cabe. La
mujer regresa y él, disimulando, deja la chaqueta en su lugar. Adrián lo llama, es su turno de cortarse el
cabello.
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